sábado, 28 de julio de 2012

OYO


La vida no fue más que un sacatraca,
pero qué importa ¡uno le puso viola!
Si hoy cansado de cincharla se me empaca
el corazón, te juro que ni bola.
La suerte fué pa mí una grela cola,
tupido jotrabó de engatusada.
El alma en el orsay quedó tortola.
¡Me trajo un mundo y me dejó sin nada!
En ajenas, sabés, yo no me atoro,
soy este gil que ni siquiera es choro,
con media raya y más, que ya se pianta.
¡Qué me iba a inventar con la ternura
si escolasé el coraje y la pavura
p’hacerme de esta vida una de tanta!


Del libro “La Musa Mistonga” de Julián Centeya (Editorial Freeland, Buenos Aires, 1964)





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